Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Ordesa y Monte Perdido

Cualquier época del año es ideal para visitar el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, pues los colores, la luz el aire y las sensaciones de buena vibra son increíbles desde la salida del sol hasta su puesta.

Ubicado en el pirineo aragonés de Huesca, el majestuoso enclave tiene una magia propia, resultado de la conjugación de agua, árboles y piedra que hacen de cada lugar un espacio maravilloso, con clima y paisajes de montaña que resultan atractivos para cualquier actividad: caminatas, observación y búsqueda de rincones curiosos, o sencillamente para la contemplación.

Características del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Con más de 15.600 hectáreas y una zona de protección adyacente de más de 19.600 hectáreas, este parque tiene elevaciones de altitud que comienzan en 700 msnm, donde se ubica el río Bellós, hasta los increíbles 3.348 msnm del Monte Perdido, de allí la riqueza de sus paisajes, pues desde esa altura desciende una cadena de montañas e impresionantes glaciares.

Su ubicación en el Pirineo oscense comparte territorios de los municipios de Bielsa, Puértolas, Fanlo, Torla-Ordesa, Tella-Sin y Broto.

La declaración de Parque Nacional de España para el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se produjo el 16 de agosto de 1918, lo cual lo convierte en uno de los parques nacionales más antiguos de España.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Bajo esa declaración, el Parque Nacional recibió el nombre de Valle de Ordesa, y más tarde, en 1982, el parque se nombró tal como se conoce en la actualidad.

Por ser área de protección y albergue de innumerables especies de animales y plantas, este parque ha sido distinguido con diferentes reconocimientos de protección, por lo que además de Parque Nacional, fue declarado Reserva de la Biosfera en 1977; Lugar de Importancia Comunitaria, LIC; Zona de Especial Protección para las Aves, ZEPA, en 1988; y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1997.

Vegetación

La variedad del clima del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, producto de las diferentes alturas que lo caracterizan, también influye en las diversas especies vegetales presentes en toda su extensión. De allí que exista desde una vegetación característica y propia del mediterráneo, en las partes más bajas donde prevalecen los Añisclos, hasta la submediterránea y del ambiente alpino propias de las cumbres elevadas a gran altura.

Han sido identificadas y clasificadas alrededor de 110 comunidades vegetales, de las cuales destacan las más comunes como prados y pastos; sin embargo, solo 20% del territorio total del Parque está ocupado por bosques, donde predominan las hayas, pino royo, abeto, tremolines, fresnos, quejigo, sauces, abedules, carrascas y pino negro. 

Fauna

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido tiene una fauna variada, como resultado de la cantidad de hábitats que se han formado y de su particularidad fronteriza entre la Europa Mediterránea y la Continental.

Tiene un inventario de alrededor de 68 aves que anidan en esos espacios, 38 especies de mamíferos, además de reptiles, anfibios y peces.

Entre las especies de mamíferos están el rebeco o sarrio, jabalís, corzos,  oso pardo, ciervos, además de ginetas, zorros, nutrias, gatos monteses, marmotas, lirones, garduñas, ardillas, tejones, ratones de campo, topillos, hurones y musarañas, entre otros.

En cuanto a las aves, en la parte boscosa del parque viven especies conocidas y muy admiradas por los ornitólogos, como las lechuzas de Tengmalm, el urogallo, el pito real, el pito negro, cárabo, pico dorsiblanco, chotacabras, autillo, treparriscos, etc.

En las altas montañas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido habita el quebrantahuesos, una de las aves más grandes del mundo, además del águila real y el buitre leonado.

Paisajes sorprendentes

Algunos lugares que maravillan son Punta Tobacor vista desde el propio valle de Ordesa, las cascadas del río Arazas y en Cotatuero, Cañón de Añisclo, Circo de Soaso y el macizo de Monte Perdido, cascada Cola de Caballo, Gargantas de Escuaín, y los bosques y valles que se abren a los ojos de sus visitantes.

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